Ruposa

Me gusta lo cierto, por eso viajo al pasado, a las letras que no tienen eco, al tiempo que no tiene cambio.

Se viaja ligero, con resignación y consuelo, sin engaño ni recelo, solo para decir adiós; a la niñez sin estragos, a los abrazos en tormenta, a las risas y a los juegos, que generaron tu elocuencia.

La vida te llevó a guiarme, a cargar sobre tus hombros el compromiso de cuatro eslabones, que son tu sangre, tu fuerza, tu pesadez y livianeza.

Y cada vez que lo pienso, el tiempo transcurre con calma, se siente como un suspiro, aunque nunca acelera su pauta. Noto los estragos que ha hecho en nosotros, en nuestros cuerpos cada vez más cansados, en el amor cada vez más intenso, en la complicidad más insondable.

Evito pensar en el futuro, para siempre tenerte a mi lado, en un te extraño encaprichado, en un te necesito apremiante. La ilusión no pesa, es la negación la que embelesa, en un sombrío sorbo de placer, en un deseo sin proceder.

Por tus añoranzas y caprichos, por todas tus bondades y tropelías, por cada paso en la vida, resonarán mis letras por ti.

Te amaré por siempre, aunque el siempre nos dure solo esta vida, no consiento mis días sin tu memoria, ni mis males sin tus abrazos.

Eres lo que más adoro, aunque adorarte sea solo eso.

Con especial cariño para mi viejo, hoy en el día del padre.

Papá y Yoyi, 1996

2 comentarios en “Ruposa”

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