Mujer eres poesía

Pídeme que derrumbe los muros de la incomprensión y daré el grito más alarido de todos. Desde el fondo de la memoria, desde lo sutil de la realidad. Para que no te olvides nunca, para que siempre te puedas escuchar.

Las letras como refugio de quienes no incautan el cuerpo ni los sentidos. Las letras son mi guarida y las mujeres mi inspiración. Mujer, toda tú eres poesía y tu lucha, tu mejor composición.

Por contrarias nos tomaron, y así construyeron nuestra visión, lo diverso nos fue ajeno, y lo más cercano generó competición. En la palestra del caos éramos risa, encanto, talento o desorden. Caminábamos a prisa, sin ritmo, descalzas, incisas. De pronto arribó la duda, el llanto, las desdicha y los sermones. Y míranos ahora, estamos aquí y el escenario es esta existencia. El arte ya no adolece más de nuestra expresión, de la política ya no somos sombra y la ciencia sin nosotras es imprecisión.

En el pasado la poesía fue, por cuanta belleza el mundo alberga, la expresión más sublime de nuestra fragilidad. La poesía ahora se debe, a esas mujeres que por ella no se inhiben. Diversas, incoherentes, rebeldes o abnegadas, todas ellas puede lo que el poder ignorar, toda mujer alberga, lo que la fuerza añora.

Desde tus senos hasta tu cadera, desde tus labios hasta la conciencia. Tu dolor, tu lucha, todo lo que tú eres, todo lo que tú cargas. Toda tu imprecisión, mujer eres poesía, y tu legado, versos y versos llenos de verdad.

Ni la energía ni la malicia, ni la sospecha ni el estupor, solamente báculos y lazos que se gestan ante el dolor. En un abrazo tu condena, te juro que intento disipar. Mujer, abolid lo infame, cada vez que te quieran tocar.

A mi hermana que duerme, descansa.

A mi hermana que migra, fuerza.

A mi hermana que llora, resiliencia.

A mi hermana que ama, goza

A mi hermana diversa, resiste

A mi hermana que corre, vuela

A mi hermana que grita, persiste

Madre, hermana, hija, mujer. Inmersas en la diversidad, pero también en un mundo perverso, la lucha inconclusa está pero ya nos han escuchado.

La cruz con la que se cargaba el dolor, es ahora el vestigio de lo que nunca más seremos, por Amparo, Esperanza y la del homónimo propio aquí estoy y no pienso callar lo que la composición ha dictado, ahora cantamos y somos, pero es un canto y un ser diferente, ahora pensamos y lo gritamos, porque el silencio nunca fue nuestro aliado. La conmemoración no es otra cosa que un recordatorio para no volver más, al lugar al que nunca pertenecimos.

Sororas, volad, mujer eres poesía, no tienes por qué callar.

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