Resistir

Calles que responden al clamo de luchas íntimas y colectivas, andares tan discretos como profanos, voces que en estruendo callan y gritos alaridos que se pierden a la distancia.

Esta ciudad me atormenta y me enamora. Todas las almas rotas tiemblan y bailan, los bolardos de la avenida me lastiman y me abrazan, la ciudad me duele, me alivia y me atrapa.

En el bullicio sonrío, bajo la lluvia lloro, me quema la idea de abandono, pero disfruto más caminar en calles vacías.

Las luces de noche queman todas mis promesas, me recuerdan lo frágil que soy en esta ciudad. El brumo del amanecer me enclaustra y me libera; caminando en el andén del desvelo, perduro en vaivenes de un inquietante proceder.

Antes ella y luego yo, protagonistas de una historia que nos contiene; por un lado la ciudad que nunca fallece, por otro lado yo, que me desvanezco en sus atardeceres.

Juro que resisto en una optimista resignación, me gusta creer que entre letras, música y estas calles, los trayectos ligeros me conducirán de nuevo a mi implacable necedad.

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