Rincón para tres.

Durante la mocedad, la instrucción de los mentores de vida se cuestiona, se refuta y se rechaza. Es hasta que la turbulencia de las llanuras te absorbe, cuando comprendes el origen de toda su intención.

El oleaje de una mente habida por conocer, me llevó al desembarcadero de la congoja, yo lloraba y no entendía, lo que ahora río y bieldo al olvido. Pero ese reposo no fuera posible, sin el rincón que construimos para los tres.

Más parecida a uno y más deseosa de otro, hicimos del oficio de vivir, una alternativa, y de nuestro amor, el verdadero propósito de vida.

En este rincón ensamblamos perfecto, al menos cuando estamos vacíos. Somos tres almas que decidieron encontrarse, a pesar de la perene decisión de existir.

Ahora reímos y lloramos nuestras aflicciones, porque el regocijo de uno es el motivo de todos. Ahora cantamos nuestras añoranzas, porque sabemos que algún día no seremos tres.

Qué dicha tan grande ser en nuestro sitio, hacer de nuestro encuentro el momento más honesto. Que la vida nos permita disfrutar nuestros abrazos, todo lo que compartimos, en el rincón de los tres.

Gracias papá y mamá, por este lugar seguro, mi lugar predilecto, nuestro rincón para tres.

Con especial y sincero cariño para mis viejos, Rubén y Judith.

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