Tío de las Américas

Nunca comprendí el enigma del encuentro. Las almas coinciden, se reconocen o se repelen en instantes que definen el trayecto de la existencia.

Invocando al absurdo, cientos de espíritus soñadores acudimos a una causa, fuera de ruta, de casa y de lo cotidiano. En las lejanas tierras de la oportunidad, nos topamos con tu existencia, tu lente y tu cobijo. Fuimos sin pensarlo, una casualidad con un gran propósito, fuimos sin concederlo, una gran familia.

Favorecido por el misterio, oculto tras un flash fotográfico, capturaste una tras otra, las vivencias de una mocedad expectante y cándida, de una juventud que entre su genuina agonía, te abrazó como el Tío de las Américas.

Si cada cual de los integrantes de esta familia americana, escribiese las memorias que erigieron a tu lado, no bastarían las palabras, las expresiones ni los momentos, para desafiar los encuentros que generaron tu compañía.

Nunca comprendí el enigma de lo inesperado. Las almas que atesoran, confundidas y desprevenidas, pierden por instantes lo más preciado de la vida. Y con tu partida, se nos arrebató la plácida y hermosa existencia de tu ser.

La Asunción de tus venas llora, tu familia te guarda y ama por siempre. Una comunidad que trabaja y sueña por los derechos humanos, padecerá el vacío de tu adiós. Tus amigos palpamos la ausencia de tu compañía, de tu consejo y tu hermosa forma de encarar la vida.

Solo nos resta la satisfacción del coincidir, la alegría del abrazo, el consuelo del compartir. Desde Santa Cruz, hasta Maine, desde Tenamaxtlán, hasta Virginia. Tío de una América fracturada y herida, unida ahora por cientos de capturas; hoy se padece tu inesperada partida, en un pesar que tortura.

Mario Aníbal, el niño paraguayo que soñó con el mundo, el hombre que es recordado ahora por el orbe. Sol de Adriana, luna de Dominique. Eterno compañero de Mary… el Tío de las Américas. La lente fue tu decisión, todo lo que cuentan las imágenes capturadas, parte de tu legado. Tu amistad, un eterno recuerdo.

Ahora siendo viento, hasta volvernos a encontrar… mi querido Tío Mario.

Con todo mi cariño para usted Tía Mary, Adri, Domi y todas las primas y primos de las Américas.

Mario Aníbal López Garelli.
Asunción, Paraguay, 1968.

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