Histéricos y punto final

«¿Dónde dormirá esta noche?» coreábamos cientos de desconocidos, almas que cohabitan y no conocen entre sí, más allá que al español del sombrero peculiar y alma colchonera.

Llegar hasta ese punto fue una decisión sin sabotaje y con mucha conciencia, pues desde el abatimiento, me cobijé en la bravía construida desde el tiempo en que se conoció la desventura; a nuestro paso suceden extraños movimientos, que tú no puedes ver, así que, sin evitar lo inevitable, tomé valor de la mano de un trago, y abrazando la idea del despojo y la verdad, me avivé a encarar la imagen que marcaría el final de mis flagelos.

Algo me decía que al encontrarme con Lady Madrid, también descubriría un montón de luces encendidas, y que en compañía de ellas encararía el parnaso de su amor, reconociendo que hay promesas que no solo se incumplen, sino que se destruyen y restriegan en la realidad de los sentidos.

La espera nos encontró exhaustos y pensantes, no sé si buscabas cautela o estabas expectante de quién presenciaría tu pasión, pero cada que interpelabas al orden, intentaba evadir esos ojos color desierto que me aniquilaron de mil maneras, que me despojaron de mí.

Me despedí infinidad de veces, y nunca me fui de ti. Me alejé pero nunca, nunca te llegué a olvidar... la la la la la la, lloraba en mis certezas, la la la la la la, coreaba mientras me sostenía, la la la la la la, interminable oleada de adiós… Aquél espacio fue nuestro en mi laberinto mental, hoy ya no apoyaré mi cuerpo encima, ya sé dónde dormirá las noches venideras.

Fue así como, al unísono de su abrazo, despedí junto con Godzilla, aquella ínfima idea de lo que algún día llamamos «amor». Esa noche de octubre no solo temblaron los miedos, sino también las ganas de salir huyendo de la realidad, pero aún en el duelo, se abrazó la sequía, como aquello que nos obsequia el destino como prueba final.

Hay espasmos indescriptibles, sensaciones abruptas en el pecho que no se disipan ni con el llanto, y tú bien sabías que yo no iba a aguantar. Te fuiste hace tiempo, pero no quisiste soltarme, me dejaste pero no quisiste que yo me fuera, hoy te suplico por favor, me dejes huir de aquí, haz el esfuerzo, déjalo fluir, déjame con ello.

Te conocí entre las cuerdas de Leiva, soñé con corear su música contigo, en un concierto, esa noche lo hice despidiéndome de ti, una vez más, con la estrella de los dejados.

No era la primera vez que me postraba al borde del precipicio, pero esta vez estuve parada, sí, detrás del punto final.

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