A los ojos glaucos

Al saberse inmersa en el vendaval de la traición, lo único perceptible ante el asombro, es el sentir del agobio y la decepción.

Mi estima y admiración siempre a esos ojos glaucos, mismos que desvirtué y padecí cuando me enteré que mi sentir no le significó nada, al enamorarse de mi gran condena.

Pero, ¿Cómo exigirle al insistir de la conquista, no palpar las mieles de la promesa?

Difícil es, el momento de continuar desde el cariño. Revolucionario sentir que idealicé no dominar, pero terminó siendo mi alivio.

Después de un tiempo, cuando llegó la calma, pude comprender que mi empatía siempre imperará en un acto de amor por mi historia.

Y así fue que, sin ser dura pero tampoco indiferente a lo padecido, comprendí que hay nuevas conquistas que también fueron engañadas.

Y que esos ojos glaucos, conscientes de lo que hacían, fueron también manipulados para ser de quien no ha sido nunca, ni del fuego, ni del viento.

A esos ojos glaucos y a este espíritu perene, deseo que encontremos alivio y magia, en lo que ella es, en lo que yo soy, donde no nos vuelvan a engañar.

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